Juan

Yo fui uno de los primeros bebes que nació en el barrio. No me llevaron ni al hospital, yo nací en mi casa. Vino la comadrona, que era lo que se estilaba aquí. Nací en el bloque 1 ático 3ª y mi madre a los dos días estaba trabajando en la tienda.

©Joan Tomás

©Joan Tomás

Mis padres vinieron de Murcia hace 40 años, directamente a la Ribera. Ellos cuentan que al principio fue muy duro. Mi madre siempre recuerda que cuando llegaron en tren a Barcelona, la policía los cogió y los llevaron al pabellón de las Misiones en Montjuic. Los tuvieron allí tres días, no los dejaban ni entrar ni salir. Lo que querían era que se fueran. Pero luego a partir de allí, se ubicaron, buscaron un trabajito, una habitación. Estuvieron muy contentos, fueron trabajando y a base de trabajar se instalaron. La gente les acogió bastante bien, aparte de alguna gente que siempre hay. Están satisfechos y muy contentos de haber decidido venir a trabajar a Barcelona.

Mi padre cuando llegó del pueblo a la ciudad, se colocó en una empresa. Al principio no quería que mi madre trabajara. Pero aún trabajando él, como había tanta pobreza, no alcanzaba y mi madre puso una tienda. Aunque mi padre no quería, mi madre empezó a trabajar y a irle bien, entonces él dejó de trabajar en la empresa, acomodaron los dos la tienda, compraron unos locales más grande y llevaron el negocio juntos. Hace unos 11 años ellos se jubilaron y  yo cogí las riendas. En lugar de montar otro negocio decidí seguir con este que ya lo conocía. Así fue que me lo traspasaron, de padres a hijos.

Juan en la acción "Encajados". ©Joan Tomás

Juan en la acción “Encajados”. ©Joan Tomás

Yo fui uno de los primeros bebes que nació en el barrio. No me llevaron ni al hospital, yo nací en mi casa. Vino la comadrona, que era lo que se estilaba aquí. Nací en el bloque 1 ático 3ª y mi madre a los dos días estaba trabajando en la tienda.

En mi infancia el barrio era bastante majo, muy limpio, no había muchas casas, había mucha gente joven, muchos críos y espacio para jugar. Lo recuerdo como un barrio muy agradable, aparte de ser un barrio humilde, sencillo y sin muchas prestaciones, pero tenía de todo. Como niño yo lo recuerdo como un lugar muy bonito.

También recuerdo la época en que empezó el problema con las drogas, que aquí hasta entonces no se veía, no se sabía nada sobre sus consecuencias y había chavales, un poco mayores que yo,  que empezaban a descarrilarse, a tener problemas, los padres a sufrir mucho, a meterse en complicaciones y líos. Pero a la gente más joven, la de mi generación, nos pilló ya sabidos y lo pasamos de largo. No nos metimos en nada de eso y nos fue bastante bien.

A mí lo que me gusta del barrio es que todo el mundo se conoce y la gente se ayuda y respeta bastante. Si hay que echar una mano se echa una mano, la gente se aprecian unos a otros. Si tú no te metes en problemas y no eres una persona que va buscando ser más que nadie, la gente es agradable contigo y te aprecia. Tanto de una cultura como de otra, hay cariño y aprecio. Aunque siempre hay algún problemilla, más del 90% del barrio es muy buena gente.

Juan en la Instalación debajo de la Autopista C33

Juan en la Instalación debajo de la Autopista C33. #veusdesdelaribera

Yo muchas veces pienso que es la misma fuerza la que movió a mis padres y a la gente que ahora ha migrado hacia aquí. Las personas que migran buscan una mejora de sus vidas, un puesto de trabajo, superarse y vivir un poco mejor. Por mucho que hicieran en sus pueblos, allí no tenían oportunidades, no se podía aspirar a un trabajo, garantizar un porvenir para tus hijos. La fuente, la ignición tanto de los inmigrantes de ahora como la de mis padres en su momento, es la misma.

El problema del barrio es ese pequeño tanto por ciento, 3 o 5 % no más, de gente no demasiado buena, que por desgracia tenemos aquí en el barrio. Y luego también tienes que tomar en cuenta que mucha gente ha llegado al barrio recientemente. Al principio, nos pasa a todos, incluso a mis padres, cuando llegas a un lugar nuevo, hasta que no te haces con el sitio y te amoldas, tardas en cogerle cariño. Y a lo mejor también los que estamos aquí, como no los conocemos, los recibimos con frialdad. Este comportamiento inicial dura hasta que te conocen y tú te sitúas. En esas primeras semanas o meses hay más que nada desconfianza, es un momento más conflictivo, más seco. Esto dura hasta que  te haces con la manera de ser del barrio y se va generando confianza entre los vecinos.

La crisis le ha quitado tranquilidad a la gente, está más desconfiada, retraída, con miedo, más tirante. Nos ha apretado a todos mucho. Todo el mundo tiene necesidades, falta de dinero, vive con incomodidad.

Hoy sigo trabajando, llevó el supermercado y dando aprovisionamiento y vida al barrio. Procuramos.

Juan2

Recorte de la foto de Juan que se expone en la instalación callejera. Se ve a Juan sujetando una foto de su niñez en el barrio.

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